Bases ecológicas para la restauración de bosques

Muchos paisajes presentan una mezcla de fragmentos de bosques primarios, bosques degradados y parches de bosques nuevos o secundarios, cuya gestión es clave para la conservación y la restauración de la biodiversidad y para la provisión de servicios ecosistémicos. Repasaremos aquí algunas de las características ecológicas de los bosques naturales en paisajes y su restauración pasiva, como insumos para la toma de decisiones sobre su manejo sostenible con enfoques de conservación de biodiversidad y de producción de servicios ecosistémicos.

Importancia de los bosques naturales

Los bosques contienen una alta biodiversidad – En un paisaje productivo, donde existen diversos usos de suelo como ecosistemas naturales (por ejemplo, bosques primarios, secundarios y humedales) rodeados por otros usos de suelo fuertemente influenciados por humanos como las plantaciones forestales, cultivos agrícolas, pasturas y sistemas agroforestales; los bosques representan el sistema con mayor biodiversidad.

 

Los bosques tropicales naturales son considerados los ecosistemas terrestres más diversos del planeta, contienen una gran cantidad de especies de plantas y animales, incluyendo formas de vida simples como bacterias, virus y hongos. Considerando solamente el componente arbóreo, tenemos que la cantidad de especies de árbol en los bosques, comparado con otros usos de suelo, es muy alta, y muchos árboles de diferentes tamaños coexisten en una misma área.

 

Las copas de los árboles, al traslapar, dejan pasar muy poca luz hacia el suelo, regulado el microclima. Muchas plantas, incluidas algunas especies de árbol, toleran la sombra y pueden desarrollarse y crecer en estos ambientes poco iluminados del bosque.

 

Árboles grandes y de copas densas en la parte superior del bosque y árboles más pequeños y arbustos en partes inferiores producen lo que se conoce como “estratificación vertical de los recursos”. Diferentes niveles de luz, humedad, disponibilidad de percha y alimento se distribuyen verticalmente en el bosque, haciendo que muchas especies puedan ocupar los diferentes espacios -o nichos- que la vegetación ofrece.  Esta es una de las razones principales de porqué tantas especies coexisten en bosques naturales.

 

Por eso encontramos especies como las aves que se alimentan en las partes altas de los bosques, conocidas como aves de dosel o subdosel, y otras especies de aves en las partes bajas, llamadas aves de sotobosque. Ambas se encuentran alimentándose de los insectos y recursos (néctar, hojas y frutos) que ofrecen las especies vegetales en esos sitios.

 

Al constituir la fuente de biodiversidad más importante en paisajes, los bosques son altamente priorizados en esfuerzos de conservación y de restauración. Su biodiversidad irradia hacia el paisaje productivo contribuyendo con servicios ecosistémicos y, a su vez, la biodiversidad de los diferentes usos de suelo apoya o sustenta la biodiversidad de los bosques.

 

Una gran cantidad de especies de los bosques no se hallan en otros usos de suelo en el paisaje – Si bien algunas de las especies de los bosques pueden desplazarse por el mosaico de usos de suelo que se encuentran en paisajes productivos y utilizar sus recursos, otras solo permanecen dentro de los bosques, por lo que se consideran especies dependientes de bosque. Para estas especies la conservación del bosque es clave para su sobrevivencia.

 

Tomando como ejemplo la vegetación (aplica también a muchos otros grupos de organismos como el caso de las aves y mariposas del sotobosque e insectos), es común observar en tierras húmedas y bajas de Centroamérica, especies de árboles como el guarumo (Cecropia spp.), balsa (Ochroma spp.), burío (Hampea appendiculata), laurel (Cordia alliodora) y cedro (Cedrela odorata), entre otras, creciendo naturalmente en áreas abiertas intervenidas por el hombre, como es el caso de cultivos agrícolas y pastizales. Estas especies también pueden encontrarse en bosques maduros o viejos, aunque en bajas cantidades, creciendo en sitios bien iluminados como claros, orillas de ríos o bordes del bosque. Si el bosque desaparece, estas especies no necesariamente lo hagan permaneciendo en diversos usos de suelo del paisaje productivo.

 

Otras especies de árboles, sin embargo, se encuentran creciendo de forma natural casi que exclusivamente en los bosques y no logran avanzar más allá de sus límites. Ejemplos de estas especies son el Pilón (Hieronyma alchorneoides), aguacatillos (Nectandra membranacea, Beilschmiedia costaricensis), fruta dorada (Virola koschnyi), lagarto (Zanthoxylum panamense) y zapotillos (Pouteria spp.). Para las poblaciones de estas especies el bosque es muy importante para su conservación.

Perturbaciones que afectan la biodiversidad en los paisajes

La biodiversidad en un paisaje diverso se encuentra amenazada por múltiples impulsores de cambio. Destacan la pérdida de hábitat (por ejemplo, deforestación y drenaje de humedales) y su degradación por factores como fragmentación, contaminación, malas prácticas agropecuarias, incendios, especies invasoras y la sobreexplotación de recursos naturales. Actualmente el cambio climático se perfila como una de las principales amenazas a la biodiversidad del planeta provocando la pérdida y degradación de hábitat y el desplazamiento de especies por cambios en el clima.

 

Muchos ecosistemas naturales están inmersos en estos paisajes productivos y se encuentran fragmentados, con área reducida y rodeados de usos de suelo que tienen un manejo antrópico intensivo. Mitigar estas amenazas resulta un verdadero desafío para los gestores de recursos naturales en paisajes, incluyendo la biodiversidad.

Paisaje productivo ganadero mostrando los usos de suelo dominantes: pasturas para ganadería y bosques naturales

 

Una de las metas principales de la conservación y restauración de ecosistemas en paisajes productivos es que sean estables, es decir que sus funciones se mantengan en el tiempo. Un ecosistema es estable si resiste un cambio ambiental, que puede ser provocado por eventos naturales o por la actividad humana, manteniendo su estructura, composición de especies y la provisión de servicios ecosistémicos.

 

Un ecosistema es estable o sostenible en el tiempo gracias a dos procesos: la resistencia y la resiliencia. La resistencia es la habilidad del ecosistema de permanecer sin cambios luego de perturbaciones, mientras que la resiliencia consiste en la capacidad del ecosistema para tolerar la perturbación, cambiar, pero sin degradarse.

 

La resiliencia permite al ecosistema reorganizarse y retornar a su estado original -o a uno similar. Por ejemplo, en el caso de un incremento en la sequía, un bosque resiliente es aquel que se recupera del estrés climático con poco o ningún cambio en sus características originales, sin llegar a convertirse en un ecosistema con una vegetación muy diferente (por ejemplo, una sabana).

 

La importancia de la resiliencia y resistencia es que permiten el mantenimiento y el funcionamiento a largo plazo de los ecosistemas, siendo un factor esencial para la producción sostenible de servicios ecosistémicos. La resiliencia, específicamente, es muy importante ya que nos encontramos en una época de fuerte impacto humano, incluyendo el cambio climático.

 

En el caso de los bosques naturales, existen evidencias que los catalogan como ecosistemas resilientes a ciertas perturbaciones como: huracanes y tormentas, deslizamientos, aprovechamiento de madera de impacto reducido, incendios forestales poco frecuentes y fragmentación de paisajes. Los bosques ante estos eventos experimentan cambios en su estructura y composición y luego vuelven a sus estados originales o estados similares gracias a procesos ecológicos como la productividad de biomasa, la polinización de plantas, la producción y diseminación de semillas, el ciclaje de nutrientes, la regeneración, etc.