Los servicios ecosistémicos como eje de restauración

En los ecosistemas se realizan permanentemente una serie de procesos naturales, a partir de las diversas y complejas interrelaciones entre las especies animales, vegetales y su medio físico, que generan flujos de energía y ciclos bioquímicos, que son los que permiten la regeneración y mantenimiento del sistema en el largo plazo, estas son las funciones del ecosistema, y de las mismas se deriva su capacidad para proveer servicios útiles a la sociedad, tales como la misma conservación de la biodiversidad, la captura de carbono, la producción de bienes maderables y no maderables, sus aportes a los ciclos hidrológicos y de nutrientes, la existencia de polinizadores y controladores de plagas, entre muchas otras.

 

En los últimos años se ha dado una tendencia a utilizar la expresión servicios ecosistémicos, más que la expresión servicios ambientales.  Mientras que esta última expresión parece indicar que se trata de servicios que simplemente están en el ambiente, el primer concepto deja en claro que esos servicios se derivan de los ecosistemas, y que el buen funcionamiento de los ecosistemas está directamente relacionado con su capacidad de proveernos de estos servicios.

 

Las implicaciones de la Evaluación de Ecosistemas del milenio

 

Al inicio del siglo XXI, en el año 2000, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) convoco la preparación de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (www.MAweb.org), conocida como MEA (por sus siglas en inglés) el análisis integral de la situación de los ecosistemas del planeta y su relación con las actividades humanas de mayor magnitud realizado hasta ese entonces, y donde participaron más de 2000 expertos de más de 95 países en su elaboración y revisión, que fue un proceso de gran complejidad.

 

La MEA encontró que los seres humanos provocaron más impactos en los ecosistemas del planeta en la segunda mitad del siglo XX que en toda la anterior historia de la humanidad, y que todos los principales tipos de ecosistema se encuentran alterados en mayor o menor grado, en muchos casos de manera irreversible.

 

Para ordenar el análisis de toda esta información, los expertos de la MEA establecieron como estrategia fundamental considerar la relación entre los principales tipos de servicios ecosistémicos que nos brinda la naturaleza y los principales componentes con los que consideraron que se puede caracterizar el bienestar humano.  Se reconoció entonces formalmente en el más alto foro político global, que el buen estado de los ecosistemas contribuye de manera imprescindible al bienestar humano.  En la figura 6.1, la MEA esquematiza esa relación, reflejando también algunas diferencias en la magnitud de los aportes de los diferentes servicios al bienestar, y la posibilidad de desarrollar valoraciones económicas, incentivos o mercados financieros para algunos de estos servicios.

 

La figura 6.2. es un esquema de la MEA donde se indican algunos de los factores directos o indirectos que están alterando el funcionamiento de los ecosistemas y por ende afectando su capacidad de brindarnos servicios ecosistémicos, la gran mayoría relacionados con las actividades humanas, y donde están de por medio aspectos tan complejos como la tecnología, o valores culturales o religiosos que hacen que las personas actuemos de determinadas formas que afectan los ecosistemas.

 

Como ejemplos prácticos para ilustrar generadores indirectos de alteración de ecosistemas podemos mencionar:

 

  • Crecimiento poblacional descontrolado, muchas veces promovido por posiciones culturales o religiosas.
  • Mercados globales que pueden generar grandes cambios en el uso del suelo: como los mercados de la soya, de la palma aceitera o del oro.
  • Situaciones políticas que generan grandes migraciones, con las consecuentes demandas de alimentos o de tierras.
  • Tecnologías que nos benefician pero pueden generar grandes problemas ambientales, como las relacionadas con el uso de micro plásticos o de metales contaminantes en artefactos electrónicos.

 

Figura 6.1.  Relación entre los diferentes tipos de servicios ecosistémicos y los componentes del bienestar humano según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (www.milleniumassessment.org).

 

Como ejemplos prácticos para ilustrar generadores directos de alteración de ecosistemas podemos mencionar:

 

  • El cambio de uso de bosques o humedales por áreas agrícolas o de desarrollo urbanístico
  • La introducción de especies con fines productivos o estéticos que luego resultan invasivas
  • El uso excesivo o inadecuado de insumos agropecuarios
  • El establecimiento de sistemas de riego que alteran los ciclos naturales o los sistemas de drenaje en el paisaje
  • El consumo excesivo de recursos como por ejemplo de pesquería

 

La diversidad y la magnitud de alteraciones encontradas en todos los principales ecosistemas del planeta por parte de la MEA es preocupante.  Más allá de la acumulación de gases de efecto invernadero sobre la cual tanto se ha discutido en las últimas décadas, el planeta enfrenta muchas formas de contaminación, y la acumulación completamente anormal de algunos compuestos químicos que están alterando la funcionalidad de ecosistemas acuáticos, de los suelos y de la atmósfera en general.  Al mismo tiempo se incrementa de forma exponencial la extinción de especies, se agotan las fuentes silvestres de alimentos y otros recursos importantes, como la pesquería de captura, y se incrementan los problemas con especies invasoras, entre muchos otros.  Vivimos, en general en un planeta cuyos ecosistemas están degradados, y su capacidad de aportarnos servicios ecosistémicos está comprometida.

 

Figura 6.2.  Relación entre los diferentes tipos de servicios ecosistémicos y los componentes del bienestar humano según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (www.milleniumassessment.org).

 

Dada la situación de crisis que se encontró en la MEA, los expertos que hicieron estos hallazgos se dieron a la tarea de analizar de qué formas la humanidad había venido enfrentando los problemas que generaba la degradación de los ecosistemas.  Llegaron a la conclusión de que los seres humanos, en las diferentes regiones o países, habían venido actuando en mayor o menor grado dentro de una de cuatro tendencias principales, que se ilustran en el cuadro 6.1.  Estos escenarios o tendencias son explicados en detalle en los documentos de la MEA (www.milleniumassessment.org), no necesariamente pueden calificarse como enteramente negativos o positivos, pues en cada uno de ellos diferentes grupos humanos han encontrado respuesta a sus inquietudes a lo largo de la historia.

 

Cuadro 6.1. Resumen sobre tendencias humanas sobre la forma de tomar decisiones ante los retos ambientales en las últimas décadas según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (www.milleniumassessment.org).

 

La ciencia y la tecnología nos aportan sin duda conocimientos e instrumentos muy valiosos para resolver muchos problemas, pero también pueden generar grandes impactos cuando son mal aplicados, y tienden a dejar de lado aspectos culturales y de conocimiento tradicional que resultan clave en la administración de los ecosistemas.  Los procesos de globalización han contribuido a tener un planeta mucho más comunicado que nunca, y han abierto innumerables oportunidades en torno a los mercados abiertos y globales, pero también muchísimos impactos ambientales y sociales.

 

En la figura 6.3., la MEA trata de sintetizar el análisis realizado sobre el potencial efecto de priorizar una u otra de estas tendencias para seguir atendiendo los problemas ambientales a futuro.

 

Resulta bastante claro que los escenarios de mejor desempeño en términos de recuperación de servicios ecosistémicos, y por ende de restauración de las funciones de los ecosistemas, son el de tecno jardinería (que hace énfasis en el uso de la ciencia y la tecnología) y el de mosaico adaptativo (que hace énfasis en la toma de decisiones participativa y a escala de paisaje), pero es este último el único donde se evidencia la posibilidad de recuperar todos los principales tipos de servicios ecosistémicos que permiten el bienestar humano.

 

En otras palabras, la restauración más efectiva para la sobrevivencia humana, es aquella que no solo se basa en ciencia y tecnología, sino que permite una participación intersectorial efectiva en la toma de decisiones a las y los diferentes actores de cada territorio.  La importancia de los enfoques participativos, descentralizados, y que rescatan las diferentes formas de conocimiento, desde el científico hasta el tradicional, para una buena gestión de los ecosistemas, está también plasmada en el enfoque ecosistémico de la Convención de Diversidad Biológica.

 

El enfoque de gestión participativa a escala y con enfoque de paisaje, optimiza las acciones de restauración, y las incorpora de forma más directa en las inquietudes y el quehacer de los actores locales, que se constituyen en los principales planificadores, ejecutores y responsables de la sostenibilidad de la restauración.

 

Figura 6.3.  Balance esperado entre recuperación o degradación de ecosistemas y sus servicios como respuesta a las principales formas de toma de decisión de los grupos humanos, tanto en países en desarrollo como en países industrializados según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (www.milleniumassessment.org).