La importancia de entender la degradación

Como hemos visto hasta ahora, dadas las diferentes definiciones, se restaura un espacio o un ecosistema que se considera degradado.  Es fundamental, para orientar los esfuerzos de restauración, tener claro qué es lo que consideramos que se degradó, y cuáles son las características o variables que nos hacen afirmar que está degradado.  Adicionalmente, como veremos más adelante, es fundamental tener claros los agentes o motores de esa degradación.

 

Es común escuchar la expresión tierras degradadas.  El concepto de tierra, tal y como se aborda cuando hablamos de degradación o de restauración, puede funcionar muchas veces como sinónimo de paisaje, territorio o de ecosistema, pues se refiere a un espacio geográfico determinado, que incluye sus suelos y las actividades desarrolladas por las personas en el mismo.  Sin embargo:

 

  • La gran escala es un aspecto clave en los conceptos de territorio y de paisaje, lo cual no necesariamente ocurre con los conceptos de ecosistema y de tierra.
  • Ecosistema es un concepto que hace énfasis en las inter relaciones entre los seres vivos y entre ellos y su medio físico, no siempre hace referencia a los humanos.
  • Tierra es un concepto que se usa más para referirse a actividades humanas, en particular desde una perspectiva económica o productiva.
  • Los conceptos de tierra o de ecosistema, se incluyen o se integran con facilidad con los de paisaje o territorio, de hecho un paisaje puede ser entendido como conjunto de ecosistemas, y dentro del mismo siempre va a ser fundamental la comprensión del uso de la tierra.

 

Es así como escucharemos, o encontraremos en varios documentos, expresiones como ecosistemas degradados, tierras degradadas, paisajes degradados o bosques degradados.

 

Según la FAO (Evaluación de la degradación de tierras secas, s.f.), la degradación de las tierras es:

 

“El proceso de “declive persistente” en la provisión de bienes y servicios del ecosistema, incluidos los bienes y servicios biológicos e hídricos, además de los relacionados con la esfera de lo social y lo económico”.

 

En la definición anterior, resulta notable que la degradación se presenta no solo como un problema ecológico, se presenta más bien ante todo como un problema social y económico, que se genera por la decadencia en la productividad, o en la provisión de bienes y servicios, que nos brinda determinado sitio o ecosistema.   Lo ecológico y lo económico no son aspectos excluyentes, los servicios ecosistémicos son producto de las funciones propias del ecosistema, las mismas que le permiten conservar su biodiversidad.

 

Es importante entonces tener claro que podemos percibir degradación:

 

  • A lo interno de un ecosistema natural, como un bosque o un humedal con poca intervención humana, por ejemplo, por la disminución o desaparición de una especie o grupo de especies.
  • En un espacio agrícola o pecuario, por ejemplo, por reducción en la productividad.
  • En un espacio urbano, por ejemplo, por carencia del agua para consumo.
  • En un paisaje diverso, por ejemplo, por mayor propensión a deslizamientos o inundaciones.

Motores de degradación

La figura 5.6 ilustra algunos aspectos esenciales del proceso a través del cual se genera un problema de restauración y la sociedad cobra conciencia del mismo.  A la izquierda de la figura, en color azul, se representa la condición de un paisaje en equilibrio, donde las funciones de los ecosistemas generan servicios que contribuyan al bienestar humano.  A la derecha de la figura, en color rojo, se describe cómo opera una situación de degradación.

 

Figura 5.6. Lógica de la generación y la percepción de un problema de degradación en un sitio o ecosistema.

 

Según la figura 5.6, una actividad o proceso, de origen generalmente humano, pero no necesariamente así, puede ir generando un cambio o cambios sostenidos en determinada área o ecosistema, hasta el punto en que se altera la funcionalidad adecuada de ese ecosistema o se pierde un balance existente.  Nótese que no necesariamente hablamos de un ecosistema natural prístino, puede tratarse de un paisaje con diversas y antiguas actividades humanas.

 

Esa alteración de la funcionalidad es la que produce la degradación, pero la sociedad generalmente no cobra conciencia de la situación hasta que empieza a ser evidente una reducción de servicios ecosistémicos relevantes para las personas.  Conforme la situación se agrava, se pueden ir incrementando los problemas sociales, económicos y ecológicos e incluso llegar al punto de generarse grandes crisis humanas.  Lo típico, es que la sociedad solo empieza a tomar acciones para resolver la degradación cuando ya los problemas derivados de la misma alcanzan situaciones extremas, que es cuando la sociedad percibe con claridad dichos problemas.

 

Como ejemplos de estas situaciones de crisis, podemos mencionar:

 

  • Situaciones de carencia de agua en comunidades o ciudades por degradación de las zonas de recarga o uso excesivo o inadecuado del recurso.
  • Agotamiento de la productividad agrícola de suelos por uso inadecuado de los mismos o mal ordenamiento territorial.
  • Agotamiento de las fuentes de leña de comunidades dependientes de este combustible por uso excesivo del recurso y falta de manejo adecuado del mismo.
  • Agotamiento de recurso pesquero o de carne de origen silvestre esencial para consumo de determinados grupos humanos por uso inadecuado del recurso, reducción o alteración del ecosistema.

 

En la figura 5.6 se menciona que la alteración de funcionalidad o perdida de balance en el ecosistema, puede ser también entendida en relación con el concepto de resiliencia, que se refiere a la capacidad de un sistema cualquiera, o de un ecosistema, de soportar, superar o adaptarse a una situación de cambio, de estrés o de impacto.

 

Todo ecosistema tiene una capacidad de soportar cambios o alteraciones, es resiliente en mayor o menor grado, por eso puede ser factible el aprovechamiento maderero sostenible, la cacería sostenible o el aprovechamiento de otros muy diversos productos forestales no maderables.  Por eso, también, es factible que los humanos aprovechemos el agua proveniente de diversos ecosistemas. Pero la reducción en el área total de determinado ecosistema, diversas situaciones extremas de alteración como huracanes o incendios, o las prácticas de aprovechamiento excesivo o no controlado de determinados recursos, puede provocar que la resiliencia del ecosistema se vea superada, y entre en un ciclo de degradación.

 

Los seres humanos no necesariamente actuamos solo cuando nuestro bienestar se ve directamente afectado.  Cada vez es más frecuente que diversos grupos humanos emprendan acciones de mejora ambiental o restauración, porque cobran conciencia o llegan a la conclusión de que determinadas situaciones ameritan esa respuesta, aunque no haya una relación tan clara con su bienestar personal.  Como ejemplos de ese tipo de acciones, tenemos:

 

  • Acciones de restauración en torno al rescate o recuperación de una especie silvestre emblemática, ya sea animal o vegetal.
  • Acciones de restauración motivadas por la preocupación que genera la contaminación ambiental con desechos sólidos o químicos.
  • Acciones de restauración motivadas por la conservación de la biodiversidad en general.

 

Sea como sea, la restauración implica que al menos una persona, institución, grupo humano o comunidad ha reconocido una situación de degradación, la ha identificado como un problema relevante y decide emprender la restauración.  En este punto, es fundamental que ese grupo humano aclare en qué consiste la degradación, es decir, que se tome el tiempo de analizar y estudiar cuáles son los procesos o condiciones biológicas que se considera fueron alteradas, y cuáles son las causas de esa alteración que están generando el problema percibido, lo que llamamos las fuerzas motoras o motores de la degradación, esto es lo que se ilustra al costado derecho de la figura 5.6.

 

Algunos ejemplos para ilustrar la importancia de tener claros los motores de la degradación, se refieren a lo que puede ocurrir si esto no está claro:

 

  • Esfuerzos de reforestación para recuperar bosques, que se realizan a pesar de que las situaciones que provocan la deforestación, como la invasión de tierras, no se han detenido.
  • Siembra de árboles en zonas de protección hídrica sin tener claro si el tipo de siembra, su ubicación y las especies utilizadas son las adecuadas para el objetivo buscado.
  • Esfuerzos de reforestación para recuperar bosques en los cuales se utilizan especies cuyo crecimiento no será viable o que no son las adecuadas para las condiciones del lugar.
  • Esfuerzos de siembra de árboles carentes de planificación y planes de manejo que ignoran la presencia de agentes de degradación sin control en el sitio como podría ser el ganado suelto.

 

La figura 5.7 ilustra la diversidad de situaciones o motores de degradación que son comunes en nuestros territorios.

Figura 5.7. Algunas de las fuerzas motoras de degradación que operan en paisajes o ecosistemas, algunas de forma directo, otras de forma indirecta.

 

Como lo ilustra la figura 5.7 algunos motores de degradación operan directamente en el sitio de forma muy puntual, como el uso excesivo de determinado recurso, las malas prácticas de manejo, o el cambio de uso.  Otras veces los ecosistemas se alteran por actividades cuyo efecto puede ser indirecto, como la contaminación química que afecta a la atmósfera o a los causes de agua.  Adicionalmente, detrás de muchos de estos motores de degradación operan situaciones complejas relacionadas con políticas, leyes, fuerzas de mercado y el mismo cambio climático.  A escala de paisaje, muchos de los problemas se resumen en una falta de visión de los aspectos de funcionalidad de los ecosistemas, como aspectos a tomar en cuenta en la toma de decisiones.

 

En algunos casos la comprensión detallada e incluso la medición de variables de degradación puede ayudarnos no solo a enfocar de mejor manera nuestros esfuerzos de restauración, sino que estas mismas variables nos podrían servir para monitorear posteriormente el éxito de las medidas de restauración que implementemos, en la figura 5.8 se muestra un ejemplo de posibles indicadores de medición de procesos de degradación en los paisajes.

 

Figura 5.8. Posibles indicadores y unidades de medida de procesos de degradación en paisajes (tomado de https://www.wri.org/publication/restoration-monitoring-guide).

La degradación del bosque

La definición del problema de degradación que aspiramos a contrarrestar a través de un proceso de restauración requiere de un acuerdo entre un mínimo de actores sociales, y esto la mayoría de las veces no es fácil, pues la determinación de que existe degradación en determinado lugar es afectada por las percepciones y los intereses de las personas.

 

Una persona, empresa o institución puede tomar la decisión de realizar determinado cultivo en un área como una forma de promover el desarrollo o de aportar alimentos a la sociedad.  Puede que para determinado grupo social esa decisión conlleve un desastre ecológico, pero no todos piensan igual.  Este tipo de disyuntivas se han visto en décadas recientes en Costa Rica en relación con cultivos como arroz, frijol, melón, banano o piña.  Lo ideal sería que este tipo de conflictos se resolvieran mediante acuerdos intersectoriales, en la práctica muchas veces terminan resolviéndose mediante procesos legales en los que siempre habrá personas inconformes.

 

Como se describió en las secciones de degradación histórica en Latinoamérica y degradación histórica en Costa Rica, hasta el día de hoy, muchos gobiernos nacionales o locales siguen promoviendo abiertamente y de diversas formas la deforestación en Latinoamérica, principalmente al facilitar o estimular la colonización de áreas de bosque para el establecimiento de poblaciones, para el desarrollo de la ganadería, la agricultura y la realización de actividades como la minería.

 

Para algunos de estos gobiernos esos procesos de colonización o de desarrollo de la agricultura siguen constituyendo una clara ruta de desarrollo y progreso.  En muchos casos se les considera procesos de reivindicación de derechos para poblaciones desfavorecidas.  Entonces …

 

¿podemos hablar de degradación en casos donde un gobierno formal o toda una sociedad considera que se hace lo correcto?. 

 

Esto nos lleva a la disyuntiva de entender la degradación ya no solo desde una perspectiva ecológica, sino también económica o política.  Un grupo social determinado es el que define cuando considera que se enfrenta a un problema de degradación, y esta decisión colectiva debe brindar condiciones mínimas de acuerdo social para que la restauración respectiva resulte viable.

 

En el caso particular de los bosques, e indirectamente de los paisajes forestales, la discusión anterior está unida al gran tema de la deforestación, entendida como el cambio de uso de un área con uso meramente forestal (ya sea por la presencia de bosques naturales o cultivados) a un área con otro tipo de uso, ya sea agroforestal, ganadero, agrícola, minero o urbano.

 

A nivel Latinoamericano, podemos afirmar que no existe claridad ni acuerdo político sobre si toda deforestación constituye una degradación, aunque puede que desde un punto de vista ecológico toda deforestación es una degradación extrema del ecosistema, particularmente cuando lo que se elimina son bosques naturales.  Lo ideal sería que en las regiones y países donde la deforestación sigue siendo legal y fomentada por los gobiernos, esta se hiciera tomando en cuenta al menos algunas previsiones mínimas de ordenamiento territorial que permitan proteger algunas funciones y servicios ecosistémicos clave.

 

En Costa Rica, la ley forestal 7575 prohíbe el cambio de uso, de bosques naturales a otras formas de uso, desde 1996.  En ese contexto, toda deforestación es inadecuada, y se puede decir que legalmente constituye una degradación.  Sin embargo, siempre existen situaciones donde no hay tanta claridad al respecto.  Por ejemplo, cuando un bosque secundario es muy joven puede darse la discusión sobre si debe o no ser considerado un bosque.  A la vez, si un propietario decide declarar un espacio como de manejo de bosque secundario, el mismo se considerará legalmente como tal, aunque su estructura no parezca la de un bosque.

 

La FAO (2011) define la degradación de bosques como:

 

“la merma de la capacidad de un bosque de suministrar bienes y servicios”.

 

Una vez más, se presenta la degradación como un problema ante todo económico, pues la misma hace que las poblaciones humanas se encuentren afectadas por la carencia de bienes y servicios.  Puede que, desde un punto de vista ecológico, la anterior definición sea algo limitada, pues no contempla afectaciones en un ecosistema que se dan mucho antes de que se perciba una disminución en la productividad económica del mismo.

 

A continuación, se mencionan algunas de las condiciones en las que podríamos plantear que enfrentamos un problema de degradación forestal.  No existe una fórmula universal que nos permita definir esas situaciones, será más bien la sociedad local, determinado grupo humano, y en algunos casos las leyes, quien defina si aplica hablar de degradación y emprender acciones de restauración en estos casos:

 

  • Cambio de uso (deforestación) de bosques primarios
  • Cambio de uso (deforestación) de bosques secundarios
  • Indicadores de degradación biológica a lo interno de un bosque primario
  • Indicadores de un desarrollo inadecuado o inferior a nuestras expectativas en un bosque secundario
  • Pérdida de productividad o desarrollo inferior a nuestras expectativas en plantaciones forestales.

 

Puede resultar difícil definir, y tener un acuerdo entre partes interesadas, en qué situación podemos hablar de degradación a lo interno de un bosque primario.

 

Algunas de las formas de degradación más comunes en bosques, que no van acompañadas de un cambio de uso, al menos al momento de realizarse, están relacionadas con el uso excesivo o descontrolado de recursos, entre esos recursos puede mencionarse la madera, diversos productos no maderables ya sea vegetales, de otras formas de vida como hongos o líquenes; relacionados con la cacería (tales como mascotas, especies decorativas, aves cantoras, animales disecados, la carne silvestre, las pieles u otros tejidos animales de uso artesanal, medicinal o cultural), productos de la pesca o la misma agua.  Pero también se habla de bosques degradados por el cambio climático, por la contaminación atmosférica o por la falta de conectividad.

 

En principio toda acción de colecta o cosecha, cacería o pesca, podría realizarse de forma sostenible, y la mayoría de los productos extraídos del bosque se han cosechado durante décadas o cientos de años por grupos tradicionales, indígenas e incluso por actividades industriales.  Pero ha ocurrido en muchas ocasiones, que una fuerte demanda de determinado recurso conduce a su explotación a tasas que exceden la capacidad de reposición del ecosistema, esto puede provocar la afectación no solo de la especie aprovechada, sino que en algunos resulta evidente una alteración de todo el ecosistema.

 

El mecanismo avalado mayoritariamente por la comunidad científica y reconocido por nuestras leyes, para evitar que una actividad productiva dentro del bosque natural provoque la degradación del mismo, son los denominados planes de manejo.  En un área donde se está aplicando un plan de manejo debidamente concebido y técnicamente riguroso, los eventuales impactos que esta actividad provoca en el ecosistema son asimilados por la resiliencia del mismo, de modo que el ecosistema no sufra degradación.   Si existen dudas o información certera de que el manejo aplicado es deficiente, esto conlleva un problema legal, y eventualmente podría generarse degradación, ya sea a nivel de una o algunas especies, o del bosque como un todo.

 

Algunas actividades productivas, tanto forestales como agropecuarias, tienen fuertes detractores, de manera que lograr consensos no siempre es fácil.  Pero en general, en el ámbito forestal, y partiendo de la aplicación adecuada del conocimiento técnico, el manejo forestal no puede ser un generador de degradación, pero sí una herramienta de restauración.

 

Algunos ejemplos de actividades de uso descontrolado de recursos naturales con diversos efectos incluyen:

 

  • La extracción excesiva de una especie o grupo de especies en atención a demandas de mercado que llega a poner en peligro la existencia de la especie o la estabilidad de sus poblaciones, como ocurrió las plantas de quina en la Amazonía en tiempos de la Colonia, o con la palma de cera en Ecuador.
  • La cacería excesiva de especies que juegan un rol importante en los balances poblacionales, tal es el caso de depredadores como el jaguar.
  • La extracción excesiva de una especie o grupo de especies que se considera juegan un rol de particular importancia en el ecosistema, como ha ocurrido con los musgos (especies briófitas o líquenes) en bosques húmedos de montaña.
  • La extracción de agua con fines de consumo humano, para agricultura o para usos industriales a un nivel tal que genera escases del recurso.

 

El aprovechamiento maderero descontrolado puede tener diversos efectos, que dependen, en primera instancia, del tipo de bosque aprovechado.

 

Cuando se trata de bosques dominados por una o pocas especies arbóreas, y la mayoría de esa biomasa tiene valor comercial, hay prácticas de manejo que extraen la mayor parte de la biomasa del sitio aprovechado, pero luego se da tiempo y manejo al ecosistema para que este se regenere.  La deforestación se vuelve un hecho en particular cuando el espacio forestal cosechado es invadido para fines agrícolas.  Hablamos por ejemplo de bosques de pino, robledales tropicales de altura y otros bosques de climas templados.  En Brasil, la demanda descontrolada de leña consumida con fines industriales o de minería ha conducido a la extracción total de biomasa forestal de ecosistemas secos como el cerrado, en ese caso prácticamente toda la biomasa se usa como combustible y su extracción deja el campo abierto a la actividad agropecuaria.

 

En otros bosques tropicales latifoliados el aprovechamiento maderero no controlado puede ser en algunos casos un importante motor de degradación, pero difícilmente conlleva la deforestación.  Sin embargo, los caminos desarrollados para la extracción de madera han facilitado muchas veces la posterior invasión del bosque y su eventual deforestación para ceder espacio a actividades agropecuarias, debido a la falta de controles efectivos o de interés del estado, del sector privado o de la población en general en mantener esos bosques, a los cuales no se les atribuye ningún valor.

 

Aunque no se dé un cambio de uso, un aprovechamiento excesivo y descontrolado puede llegar a alterar la estructura y composición de los bosques.  En los bosques neotropicales lo más común es que este tipo de aprovechamiento sea selectivo, enfocado en la pequeña porción de las especies que han tenido valor comercial en determinado momento, su primera consecuencia podría ser una reducción o alteración de la estructura de la población de las especies aprovechadas, pero cuando no hay criterios técnicos para la tala y acarreo de la madera, se generan una serie de destrozos sobre el resto de la biomasa, así como compactación del suelo, erosión, formación de cárcavas, entre otros.  En casos severos, se altera la dominancia ejercida por especies esciófitas de larga vida, típica del bosque primario, y el bosque llega a tener una composición más cercana a la del bosque secundario.  El catalogar a un bosque natural intervenido como “degradado” requiere de una definición técnica de criterios técnicos, variables o umbrales que sustenten esa definición.

La degradación del paisaje forestal

Hemos discutido antes principalmente sobre la complejidad que puede conllevar la definición de una situación de degradación en un sitio particular, pero es importante concluir este tema reflexionando sobre la definición de degradación a escala de paisaje.

 

¿qué significa que un paisaje está degradado?

 

La pregunta anterior, en sana teoría y de manera acorde al Enfoque Ecosistémico de la CDB, debería ser contestada por las poblaciones que habitan ese paisaje.

 

Un paisaje puede estar completamente deforestado, sin rastro alguno de lo que fueran los ecosistemas que lo caracterizaban tiempo atrás, incluso periodos de tiempo relativamente cortos como 50 o 80 años.  Pero podría ser que las personas que habitan ese paisaje no perciban problema alguno de degradación, y consideren que todo marcha bien en su área.

 

Como ejemplo de lo anterior, hemos visto en Costa Rica comunidades de montaña que realizan producción de hortalizas y actividades pecuarias en altas pendientes, que en algunos sistemas de clasificación de uso del suelo califican como de uso forestal, con pésimas prácticas de manejo de suelos, con altas tasas de erosión, aplicación excesiva y descontrolada de agroquímicos, impresionante contaminación de desechos sólidos e incluso cacería descontrolada.  Algunas de estas comunidades han vivido muy felices y en un ambiente de progreso y crecimiento económico durante décadas.  Puede que alguna persona estudiosa de la ecología considere que esas áreas son un desastre, pero los actores locales no necesariamente lo perciben así.

 

Conforme a la definición de restauración de paisajes mencionada en la sección respectiva, para emprender esfuerzos de restauración a escala o con un enfoque de paisaje, se requiere que al menos un grupo de actores locales, preferiblemente relevantes en términos de representatividad y liderazgo, lleguen a acuerdos sobre aspectos de degradación que consideran deben ser enfrentados y emprendan la planificación y ejecución de la restauración.

 

Idealmente, esas y esos actores deberían de definir con claridad cuáles son las formas de degradación que les preocupan, cuáles son los motores de esa degradación y cuáles son los efectos de la misma (conforme se describe en la figura 5.6).

 

Para efectos de ordenar la ideas, la toma de decisiones, y las acciones en el paisaje, resulta fundamental trabajar en torno a servicios ecosistémicos, pues estos resultan un criterio práctico para enfocar las actividades de restauración hacia el logro de objetivos concretos de interés para las comunidades.