Restauración de Paisajes Forestales

Es común que los términos discutidos en la sección sobre enfoques de la restauración de este manual, se apliquen para sitios puntuales, que podrían ser lotes específicos, fincas o áreas dentro de una finca o dentro de un área protegida, que en mayor o menor grado se encuentran bajo control, pues las decisiones sobre los mismos corresponden a un solo propietario de la tierra o a un grupo reducido de personas.  Suele ser el tipo de condición donde con más frecuencia se aplica el enfoque de restauración ecológica clásica, que pretende recuperar la biodiversidad original del ecosistema, lo cual toma mucho tiempo, no genera ingresos al propietario y, por ende, suele darse solo en sitios que pertenecen al estado, a entes privados que no tienen demasiada presión por generar ganancias en el corto plazo, o cuyo negocio se ve claramente favorecido por la presencia del bosque natural, como ocurre a veces con quienes desarrollan actividades turísticas.

 

Sin embargo, como se discutió en la sección sobre los compromisos actuales para la restauración, a partir de la segunda década del siglo XXI, han proliferado las metas dentro de los convenios ambientales internacionales, así como los desafíos en el marco de reuniones y foros internacionales, por promover actividades de restauración en cientos de millones de hectáreas.  Al mismo tiempo, han proliferado los compromisos de gobiernos de muchos países por asumir la restauración de millones de hectáreas.

 

Las escalas a las cuales se pretende realizar actividades de restauración, y las pretensiones de avance en la obtención de logros visibles al respecto, nos llevan necesariamente a incluir en estos esfuerzos la mejora ambiental de paisajes o territorios complejos y de gran extensión, y donde podemos integrar en esas estrategias de mejoras desde el enfoque de restauración ecológica clásica, hasta otros relacionados, como la rehabilitación, recuperación, remplazo, reforestación, entre otros.  Por otra parte, el reto de Bonn menciona expresamente el enfoque de restauración de paisajes forestales como su principal alternativa de intervención (Laestadius et al. 2015; UICN 2017; MEA 2005; Walpole et al. 2017).

El paisaje

Es conveniente, antes de hablar de restaurar paisajes, que logremos acordar un enfoque de lo que podemos entender por paisaje o por territorio.  Ambas palabras se han utilizado de forma similar, aunque con frecuencia se les atribuyen características diferentes.  Lo primero que debemos aclarar es que aquí no utilizamos los términos paisaje o territorio para referirnos a la impresión visual de un sitio ni a su belleza estética en particular, sino para referirnos a un área extensa y sus características y procesos fundamentales, no solo biofísicos, sino también socioculturales y económicos.

 

Algunas personas le atribuyen al término paisaje una connotación más biofísica, y a la palabra territorio una concepción que integra con más claridad los aspectos sociales, otros simplemente consideran que se trata de sinónimos.  Independientemente de la palabra que se desee utilizar, lo relevante es comprender que el concepto va más allá de la escala, tiene que ver con la diversidad y la complejidad.  Adicionalmente, cuando hablamos de paisajes o territorios, es común que demos como un hecho la presencia humana en los mismos, y las intervenciones humanas expresadas en espacios productivos, en infraestructura y en zonas urbanas, como parte de los componentes que constituyen ese paisaje.

 

Más aún, algunos autores hacen énfasis en el paisaje como una construcción social, es decir, el paisaje como resultado de la actividad y de la influencia humana, de tal manera que, en un área con presencia humana, no podemos aislar la funcionalidad de los procesos biofísicos de la incidencia humana, se trata de procesos integrados.  Esta realidad se ha hecho más evidente conforme crece la conciencia sobre el cambio climático, pues cada vez es más claro que todos los rincones del planeta están siendo afectados por las actividades humanas.

 

Antes que recitar una de tantas definiciones de paisaje o territorio existentes, anotaremos algunas características relevantes de lo que implica el término, y que deben ser tomadas en cuenta al realizar estrategias para la restauración:

 

  • Es un espacio geográfico en el cual enfocamos un análisis o planificamos estrategias
  • Es un conjunto de ecosistemas interrelacionados pero diferenciables
  • Integra diversos usos de la tierra y formas de tenencia
  • Integra diversos actores sociales y a menudo diversas culturas
  • Estos actores tienen diversos intereses, necesidades y actividades productivas
  • Estos actores tienen necesidades, posiciones políticas y valores personales
  • El territorio puede tener una fuerte identidad cultural, o varios sectores a su interior con sus respectivas identidades culturales y diferentes grados apropiación por parte de quienes los habitan
  • El espacio cuenta con una o varias estructuras de gobernanza formal o informal, por medio de las cuales las personas toman decisiones, logran acuerdos y resuelven diferencias

La restauración del paisaje

Dadas las premisas anteriores, resulta lógico promover esfuerzos de restauración con una visión de paisaje, que permitan dirigir los esfuerzos para recuperar funciones ecológicas a una escala mayor, más integradora, y que tome en cuenta el balance entre procesos ecológicos y actividades humanas.

 

Whitbread-Abrutat (2012) plantea como definición de restauración del paisaje

 

”El mejoramiento de la tierra degradada a una gran escala, que reconstruye su integridad ecológica y mejora la vida de la gente”.

 

Hay dos aspectos esenciales que se incluyen en esta definición, y que no suelen aparecer en las definiciones de restauración ecológica: la gran escala y el bienestar humano.  Una vez que aceptamos que los humanos, junto con nuestra cultura, nuestra economía y con todas nuestras diversas e impactantes actividades, somos parte del territorio, y como lo reconoce la Convención de Diversidad Biológica, de los ecosistemas; resulta lógico entender que la restauración debe procurar estados de equilibrio que contribuyan a la sostenibilidad y a nuestro bienestar.

La definición del paisaje forestal

A inicios del siglo XXI la FAO acuño el concepto de paisaje forestal, como una forma de encausar los esfuerzos para una mejor gestión de los bosques y los recursos forestales con un enfoque de paisaje.  Se había comprendido que la sostenibilidad de los bosques y de las actividades productivas forestales no podía ser construida tan solo desde el análisis y la intervención en los bosques mismos, sino que era fundamental comprender la integración de los bosques con su entorno, tanto en sentido ecológico como en sentido económico y sociocultural.

 

Desde un punto de vista ecológico, entendemos hoy que los espacios o fragmentos de bosques naturales que sobreviven, rodeados de espacios agropecuarios o urbanos, necesitan contar con un mínimo de conectividad con otros bosques cercanos que garanticen el movimiento de muchas especies silvestres, algunas de las cuales deben migrar durante el año, así como el respectivo intercambio permanente de genes que evite el deterioro progresivo de las poblaciones.

 

Al mismo tiempo, entendemos que las personas, familias o comunidades que hacen uso de los bosques y sus recursos, como parte de su economía, rara vez se dedican exclusivamente a esto, sino que lo integran con actividades agrícolas, pecuarias y de servicios, que conforman su economía.

 

Más aún, hemos llegado a entender que la conservación y sostenibilidad de las áreas protegidas como parques nacionales, aunque sean propiedad del estado, no pueden construirse manteniendo a estas áreas ajenas a la economía y a los intereses de sus comunidades vecinas.

 

Estamos entonces hoy en día llamados a realizar nuestros esfuerzos para construir un mundo más sostenible, para promover la conservación y también la restauración, de ecosistemas como los bosques, con una visión y enfoque de paisaje.

 

El paisaje forestal se refiere entonces a paisajes diversos, con diferentes usos de la tierra, con diferentes formas de tenencia, con diferentes comunidades, grupos sociales y sus respectivos intereses, pero donde el bosque o el recurso forestal, en una o varias de sus diferentes expresiones (bosque natural o plantado, sistemas agroforestales o silvopastoriles), está presente y es relevante para la construcción de la sostenibilidad.

 

Posteriormente, la misma FAO optó por modificar la expresión “paisaje Forestal” que aparentemente confundía a algunas personas, por la de “bosques y paisajes”.  Aquí no vamos a opinar sobre la conveniencia de usar uno u otro término, que se aplican como sinónimos, solo comentaremos que es factible encontrar literatura que usa cada uno de ellos, de manera que hay documentos que hablan de restauración de paisajes forestales y otros que hablan de restauración de bosques y paisajes.

La restauración del paisaje forestal

Dado que un paisaje forestal es, por definición, un espacio amplio y diverso, es lógico preguntarse a qué se refiere la restauración del paisaje forestal, y qué será específicamente lo que pretendemos restaurar en el mismo.

 

La expresión “restauración de paisajes forestales” se acuñó en el año 2000 en una reunión realizada en Segovia, España (Laestadius et al. 2015: Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, 2002; UICN; WWF, 2000).  FAO la define como:

“el proceso planificado por medio del cual se busca recuperar la integridad ecológica y aumentar el bienestar humano en los paisajes deforestados o degradados”.

 

De manera similar a lo que vimos en la definición de restauración del paisaje, aquí se integra la recuperación de la integridad ecológica con el afán de aumentar el bienestar humano.  Se introduce sin embargo un concepto que se plantea como central: la deforestación como manifestación de degradación.  Resulta evidente entonces que la restauración de paisajes forestales aspira a incrementar los bosques, o al menos la cobertura arbórea en los paisajes, de una forma tal que contribuya al bienestar humano.  Resulta intrínseco a esta interpretación, que se entienden los bosques y los recursos forestales no solo como estrategias de conservación, sino como espacios productivos para la economía.

 

La Sociedad Global para la Restauración de Paisajes Forestales (GPFLR) propone una definición de restauración de paisajes forestales que es muy integradora, y que nos ayuda a entender mejor los retos y las oportunidades que nos genera este concepto:

 

“un proceso activo que reúne a las personas para identificar, negociar e implementar prácticas que restauren el balance óptimo acordado entre los beneficios ecológicos, sociales y económicos de los bosques y los árboles dentro de patrones más amplios de uso de la tierra”.

 

Para este manual, proponemos tomar esta definición como referencia principal, la misma tiene algunas facetas dignas de ser resaltadas:

  • Se presenta la restauración como un acuerdo social, un proceso de negociación entre las personas que representan los principales intereses y responsabilidades en la gestión del territorio.
  • Esta negociación, dada la diversidad de intereses relevantes, es compleja, y conlleva la definición clara de las condiciones o sistema de gobernanza para la toma de decisiones en torno al proceso de restauración.
  • Hace notar que los bosques y los árboles forman parte de patrones de uso de la tierra diversos y amplios, y que lo adecuado es analizarlos e intervenirlos tomando en cuenta sus interacciones con los otros usos o actividades productivas.
  • Deja en claro que la restauración del paisaje busca beneficios no solo ecológicos, sino también sociales y económicos.

 

Es importante hacer notar, que la anterior definición es completamente consistente con el denominado Enfoque Ecosistémico, un conjunto de principios propuesto por la Convención de Diversidad Biológica en el año 2000, para orientar las actividades humanas en la búsqueda del balance entre la conservación de la biodiversidad, su aprovechamiento adecuado y la equidad en la repartición de sus beneficios.  Este enfoque plantea, entre otras cosas, que la gestión de los ecosistemas debe partir de la sociedad, con una amplia participación y aporte de conocimientos de los diversos sectores y grupos sociales, con una toma de decisiones descentralizada, adaptativa y que toma en cuenta la viabilidad y sostenibilidad económica de los procesos.

 

Bustos et al. (2019) analizaron varias experiencias de restauración en Perú, Colombia y Costa Rica, y desarrollaron a partir de su análisis una propuesta de estándar orientador, con principios, criterios e indicadores, sobre los aspectos que debe tomar en cuenta un proceso de restauración con enfoque de paisaje.  En el cuadro 5.1. se presenta un resumen de los principios y criterios propuestos.

 

Los campos cubiertos por dichos principios incluyen:

 

  • Contar con claridad y conocimiento adecuado de los procesos de degradación y los elementos que los condicionan, de los objetivos de la restauración y sus aportes a la funcionalidad de los ecosistemas y a la generación de servicios ecosistémicos específicos;
  • Tener claros los aspectos institucionales y políticos relevantes que sustentan la propuesta;
  • Poseer una estrategia de gobernanza territorial clara, que facilite los acuerdos locales y facilite eventuales mediaciones de conflictos;
  • Disponer de una estrategia de financiamiento de las intervenciones planteadas, ya sea por medio de fondos estatales o de cooperación, o mediante modelos de negocios rentables que contribuyen a la restauración;
  • Un sistema de gestión del conocimiento que incluye no solo canalizar la información y los criterios técnicos y locales necesarios para planificar las intervenciones, sino contar con una estrategia, responsables y recursos para garantizar el monitoreo del proyecto en sus diferentes etapas.

 

Cuadro 5.1.  Principios y criterios para orientar la planificación y ejecución de procesos de restauración con enfoque de paisajes (Bustos et al. 2019)