Restauración ecológica, rehabilitación y otros conceptos

A continuación, planteamos un análisis gradual de la figura 5.1.  Primero subrayamos la idea esquematizada en la figura 5.2.  Según esta, un ecosistema no degradado siempre va a tener una mayor cantidad de especies y una mayor complejidad de interacciones biológicas que un ecosistema degradado, la magnitud de ese tipo de variables estaría representada en el eje horizontal del gráfico.    Esa mayor biodiversidad y complejidad, está relacionada o produce una mayor biomasa y un mayor contenido de nutrientes que circulan en los flujos de ese ecosistema, la magnitud de los cuales está representada en el eje horizontal o eje y, al cual se le titula funciones del ecosistema, pues la premisa es que junto con la mayor biomasa, la mayor complejidad y mayor biodiversidad, el ecosistema desarrolla más funciones propias del mismo, que derivan a su vez en diversos servicios ecosistémicos de interés para la humanidad.

Figura 5.2. Esquematización de diversos enfoques de restauración, basado en Meffe y Carroll (1994). Fase I: la degradación

Como ejemplo: en un ecosistema no degradado determinado grupo humano puede encontrar bienes de consumo que le resultan esenciales, tales como carne silvestre, fibras para tejidos o plantas medicinales, pero puede ser que en un ecosistema degradado haya escases de alguno o varios de estos bienes.  De manera similar, un ecosistema degradado podría ver reducidas sus capacidades para la captura e infiltración del agua presente de lluvia o de niebla, haciendo que afecten las reservas de agua utilizadas por determinada comunidad.

 


La figura 5.3 Ilustra la definición más clásica u ortodoxa de restauración, se trata de un proceso que pretende que un ecosistema degradado recupere las características propias del ecosistema original no degradado que alguna vez existió en ese mismo sitio.  Esto nos lleva a la necesidad de considerar otro concepto importante: la del ecosistema de referencia.

 

El ecosistema de referencia, en teoría, es el ecosistema que existía en el sitio degradado originalmente.  Sirve para orientar nuestros esfuerzos de restauración, pues los mismos van encaminados a recuperar en todo lo posible las características de ese ecosistema. Se asume como una especie de ecosistema prístino, es decir sin intervención humana.   En otras palabras, bajo este enfoque nuestros esfuerzos se van a dirigir a que el sitio degradado y que queremos restaurar, llegue a ser igual o muy semejante al ecosistema de referencia.

 

Cuando la degradación ocurrió hace mucho tiempo, y cuando no hay sitios cercanos que conserven ecosistemas que se consideran no degradados, puede que no estemos plenamente seguros de cuál era el tipo de ecosistema que se encontraba ahí, en ese caso puede que tengamos que definir ecosistemas de referencia con base en varias hipótesis, basadas por ejemplo en el tipo de clima o de suelos predominantes en el sitio de trabajo, o que tomemos como ecosistema de referencia al sitio natural (no disturbado por la gente o muy poco disturbado) que está presente en algún sitio cercano y que asumimos pueda parecerse al que originalmente hubo en el sitio de trabajo.

 

Figura 5.3. Esquematización de diversos enfoques de restauración, basado en Meffe y Carroll (1994). Fase II: la restauración.

La Sociedad para la Restauración Ecológica (SER – www.ser.org) es una organización ampliamente reconocida en la gestión de la información y la orientación técnica sobre la restauración.  El enfoque más clásico y ortodoxo de restauración, al cual nos referimos líneas atrás, es lo que muchos llaman restauración ecológica.  Gann y Lamb (2006), definen el concepto avalado por la SER:

 

“restauración ecológica es el proceso de ayudar con el restablecimiento de un ecosistema que se ha degradado, dañado o destruido. Es una actividad deliberada que inicia o acelera un camino ecológico – o trayectoria a través del tiempo – hacia un estado de referencia”

Si se fijan en la definición anterior, el estado de referencia o ecosistema de referencia resulta una condición fundamental para la denominada restauración ecológica.

 

 

Hay quienes consideran que solo los esfuerzos que se ajustan a la anterior definición, donde el ecosistema de referencia es fundamental, merecen ser llamados restauración.  Sin embargo, como veremos a continuación, hay otros tipos de esfuerzos y otros conceptos muy relacionados.

 

La figura 5.4 representa la disyuntiva de lo que puede ocurrir cuando en un ecosistema cuando la actividad humana, u otro tipo de condición que produjo la degradación, se detiene, y las personas no realizan ahí intervenciones adicionales de ningún tipo.  Se usa la palabra abandono para describir que las personas no están interviniendo directamente en lo que ocurre en el sitio, solo las “fuerzas naturales”.

 

Como un ejemplo de este tipo de condición, tenemos las áreas tan frecuentes y abundantes en muchas regiones de Latinoamérica, que en algún momento fueron espacio de actividades agrícolas o ganaderas, pero luego son abandonadas y quedan sin intervención humana por muchos años.  Este abandono puede deberse a condiciones de mercado, a conflictos o cambios en la condición de tenencia, o al agotamiento de la fertilidad de los suelos con fines de producción agropecuaria.

 

Figura 5.4. Esquematización de diversos enfoques de restauración, basado en Meffe y Carroll (1994). Fase III: posibilidades ante el abandono.

 

Tal y cómo lo ilustra el gráfico puede ocurrir al menos una de dos situaciones extremas:

 

La primera situación: en el ecosistema “abandonado” se pueden activar procesos naturales como la sucesión secundaria, que conllevan una recuperación gradual y ordenada de la estructura del ecosistema, de su biodiversidad y complejidad, y por ende de sus funciones, y que después una cantidad grande de años (que va a variar mucho según las condiciones) puede desembocar en un ecosistema como el original o como el ecosistema de referencia.  Cuando las condiciones están dadas para que el ecosistema se recupere por sí mismo, puede que la forma más eficaz y de mejor relación costo-beneficio de la restauración, sea la no intervención humana, o aquella intervención que se limita a garantizar que no se vuelvan a activar situaciones que propician la degradación, como por ejemplo la invasión por otras personas o por animales domésticos o de producción pecuaria.  A esto se le llama restauración pasiva, que se discute más a fondo en la sección de restauración de bosques.

 

La segunda situación: en un extremo opuesto, es que las condiciones del ecosistema por su ubicación o por su historia de degradación, no permiten que los procesos naturales de regeneración actúen de una forma suficientemente eficiente para recuperar características esenciales del ecosistema.

 

Como ejemplo de esto, tenemos sitios cuyos suelos se encuentran severamente erosionados, contaminados o carentes de flora y fauna, con lo cual se afecta su capacidad de sustentar la vegetación; o áreas muy alejadas de bosques naturales, donde no hay disponibilidad de semillas de las especies que deberían recolonizar el sitio o no hay presencia de agentes dispersores de semillas de estas especies.  Particularmente difícil puede ser el panorama de áreas en pendientes muy inclinadas donde los procesos de erosión y deslizamientos son tan marcados que de no establecerse obras de infraestructura para la conservación y recuperación de los suelos la situación solo puede empeorar.

 

En este tipo de condiciones, si no se realizan actividades intencionadas para facilitar la restauración, el abandono lo único que genera es la profundización de la degradación incluso a niveles donde no solo es imposible pensar en recuperar algo similar a un ecosistema de referencia, sino que es muy difícil y caro realizar una mejora ambiental.  Hablamos entonces de la necesidad de la intervención humana para que se dé la restauración, y de términos como regeneración asistida, o sucesión asistida, es decir procesos naturales ayudados por las y los seres humanos.  El tipo de intervenciones que se pueden aplicar para implementar estas ayudas, se discuten también en la sección de restauración de bosques.

 

Figura 5.5. Esquematización de diversos enfoques de restauración, basado en Meffe y Carroll (1994). Fase IV: la rehabilitación.

En la figura 5.5 se agrega otra posible ruta para el ecosistema degradado, y es la llamada rehabilitación, este concepto se refiere a intervenciones que las personas pueden hacer en el sitio degradado, y que no tienen como objetivo que el mismo alcance una estructura similar a la del ecosistema de referencia, pero que procuran restablecer al menos una parte importante de las características del ecosistema para que este recupere algunas de sus funciones y capacidad productiva.

 


 

Finalmente, si volvemos a la figura original 5.1, se agregan representaciones de otras posibles rutas de desarrollo del sitio degradado, junto con conceptos que procuran describirlas.  Se refieren a intervenciones realizadas por personas que, de manera similar al enfoque de rehabilitación, no pretenden reconstruir el ecosistema general, sino recuperar parte de sus funciones o características, para lograr la generación de determinado o determinados servicios de interés.

 

Hablamos de conceptos como reemplazo, que como su nombre lo indica conlleva reemplazar el ecosistema degradado por uno que de alguna forma resulta mejor para efectos de producción y conservación, sin ser igual ni muy similar al ecosistema de referencia.  O del concepto de recuperación, que tal y como lo expresa, busca recuperar alguna o algunas de las funciones y características del ecosistema original de interés para quienes realizan la intervención.  Las opciones para interpretar cómo se aplican estos conceptos son amplias y dependientes de cada situación.

 

Como ejemplo de ello podemos analizar las plantaciones forestales: constituyen una opción no para recuperar la biodiversidad característica del bosque natural original, pero sí para recuperar servicios como almacenamiento de carbono, producción de madera o de leña.  Otro ejemplo son muy diversas formas de agricultura que se proponen como rutas de restauración.  La agricultura no es propia de un sistema natural, sino de uno antrópico (dominado por las acciones de los seres humanos), pero hay muchos tipos de sistemas agroforestales que procuran un nivel intermedio de complejidad en la vegetación y la biodiversidad, donde se hace producción y se trata de favorecer la conservación.  Hay diversos movimientos que proponen enfoques productivos amigables con el bosque, como el llamado sintropía o el llamado forestería análoga.

 

Bajo el enfoque más estricto de las definiciones tradicionales, restauración, rehabilitación, recuperación, remplazo o reforestación, son todos conceptos diferentes entre sí, y algunos investigadores defienden con pasión esas diferencias, y no les gusta que se mezclen o confundan esos conceptos.  Sin embargo, como se menciona en la sección sobre la conciencia internacional sobre la restauración, desde hace muchas décadas ha habido una tendencia de usar la palabra restauración en un sentido amplio, como un concepto que abarca todas las alternativas para recuperar funciones de los ecosistemas (como las ilustradas en la figura 5.1).  En este manual no podemos resolver esas diferentes formas de pensar y de usar los conceptos, solo pretendemos que haya una comprensión de las mismas.