Motores de degradación en Costa Rica

La deforestación fue un proceso que creció gradualmente durante la colonización, alcanzó su máxima intensidad en las décadas de setentas y ochentas, practicada principalmente como eliminación de bosques primarios.  Luego de eso los bosques secundarios se volvieron un escenario particularmente relevante de deforestación, dadas sus características estructurales y de composición, así como su natural cercanía a las vías de comunicación y espacios agrícolas, que les hacen más fáciles de eliminar (CDI 2015, Henao et al. 2015), 63% del área deforestada y convertida a pasturas entre 2011 and 2013 correspondió a bosques secundarios (CDI 2015).

 

Durante los años setenta y ochenta, Costa Rica tuvo una fuerte influencia de conceptos de la revolución verde, incluido el uso de tecnologías para incrementar la productividad agrícola, que hicieron que el país alcanzara muy altas tasas de producción de cultivos como café y banano.  Esto también provocó altas tasas de uso de agroquímicos (Programa Estado de la Nación 2017).

 

Aunque la ley forestal de 1996 prohibió el cambio de uso de la tierra forestal, la aplicación estricta de esta norma fue difícil de verificar, en particular en áreas con una cobertura muy fragmentada y con predominancia de bosques secundarios, más aún aquellos muy jóvenes.

 

Es en este tipo de condiciones que se han observado nuevas oleadas de deforestación, principalmente debido al cultivo de la piña, que es menos exigente en cuanto a las condiciones de fertilidad de los suelos que otros cultivos como banano (CDI 2015, Henao et al. 2015).  Entre 2000 and 2015, el área de piña se incrementó de 11,000 a 58,000 ha (Programa Estado de la Nación 2017).

 

En la actualidad, el aporte de otros motores de degradación de ecosistemas se ha hecho más evidente y relevante en el país, uno de ellos es la falta de ordenamiento territorial y el crecimiento urbano descontrolado, no solo en áreas de predominancia urbana sino en todos los pequeños o medianos centros de expansión urbana que van surgiendo en el país, y que se caracterizan por una gran falta de planificación.  Algunos de sus impactos son afectación a fuentes de agua, mala gestión de cuencas, incremento de riesgos por deslizamientos o inundaciones, consumo excesivo de agua, infraestructura inadecuada, transporte público deficiente (Programa Estado de la Nación 2017).

 

Los últimos años, la desaceleración de la reforestación comercial en el país se constituye también en un motor de degradación.  Diversas situaciones como el valor de la tierra, los costos de producción, la falta de incentivos efectivos, la competencia de productos importados y la ausencia de asistencia técnica o promoción de la producción, han provocado que, según las estadísticas del Banco Central, la actividad forestal aportara solo 0,39% al PIB en 1991, y 0,17% en el 2015 (Camino et al. 2015).  Áreas que estuvieron cubiertas por plantaciones forestales, hoy se encuentran cubiertas por usos más rentables en el corto plazo como el cultivo de piña que pasó de ocupar 11.000 ha en el 2000 a 58.000 en 2015 (Arana et al. 2009, CDI 2015, Programa Estado de la Nación 2017).

 

Mientras que, en 1986, las leyes forestales 7032 y 7174, modificaciones de la anterior ley 4465 de 1979, crearon incentivos que permitieron promover el cultivo de cerca de 750.000 ha de plantaciones forestales, hoy en día las mismas cubren solo 150.000 ha.  Entre 1988 y 1995 el promedio anual de reforestación fue de 10.600 ha, entre 1997 y 2013 este promedio fue tan solo de 3.600 ha.  Aunque existe un PSA para plantaciones forestales, este no es afectivo sin acompañarse de políticas fuertes para el desarrollo forestal (Camino et al. 2015).

 

La minería no ha sido una actividad tan relevante en la historia del país, como en otras naciones.  En algunos de los sitios de mayor actividad minera durante la colonia o hasta inicios del siglo XX la actividad se mantiene a un nivel muy bajo, como en el sector de Abangares, o está casi extinta, como en los cerros del Aguacate.  Sí se mantiene como un motor de degradación de uno de los parques nacionales con mayor diversidad Biológica, el PN de Corcovado, donde se ha practicado de manera artesanal ilegal por muchos años, y constituye un reto constante.   Más recientemente, el fallido proyecto de una concesión minera legal, denominado Crucitas, generó un foco de atracción para practicantes de la minería artesanal ilegal en esa zona de San Carlos.  El principal efecto de este tipo de actividades es la contaminación de suelos, mantos acuíferos y cauces de agua con productos químicos muy tóxicos y que se mantienen ahí en el largo plazo, así como la erosión por las excavaciones no controladas.