Los Compromisos actuales para la restauración

En noviembre de 2009 se realizó en Londres la Mesa redonda de alto nivel sobre restauración de paisajes forestales, convocada por el gobierno del Reino Unido y la UICN, con participación y ministros, algos funcionarios, representantes del sector privado de organización indígenas y de la sociedad civil.  Ahí se propuso un plan de trabajo para la Sociedad Global para la Restauración de Paisajes Forestales (GPFLR), desde donde se encomendó al World Resources Institute (WRI) y a la Universidad del Estado de Dakota del Sur estimar la magnitud de las oportunidades de restauración en el planeta.

 

Esa primera estimación, basada en la comparación de las probables extensiones potenciales de bosques en el planeta y las extensiones actuales, indicó que existían alrededor de 1 millón de hectáreas de paisajes degradados donde era factible realizar restauración.  Posteriormente, nuevos enfoques y supuestos ampliaron esa estimación a 2 millones de hectáreas.

 

En setiembre de 2011 se realizó una mesa de negociación ministerial en Bonn, Alemania, de la cual surgió el denominado Reto de Bonn (muy conocido por su nombre en inglés: Bonn Challenge), se trata de un desafío lanzado a escala global para restaurar 150 millones de hectáreas de tierras deforestadas y degradadas, y que plantea que el enfoque aplicado sea el de restauración de paisajes forestales comentado en la sección de enfoques de restauración (http://www.bonnchallenge.org).  La GPFLR es el ente técnico conductor de este desafío, que se promueve como complementario a los compromisos asumidos ante las Convenciones Internacionales relacionadas con el ambiente.

 

La extensión de tierras que se propuso restaurar inicialmente por este desafío coincidiría con un 15% de las tierras susceptibles de restauración, según la primera estimación echa para la GPFLR.  Si bien la magnitud de este desafío parece utópica, y el Reto de Bonn, a diferencia de las convenciones internacionales, no es un foro de carácter vinculante para los gobiernos, parece haber generado todo un movimiento político internacional.  Diversos entes financieros y de cooperación internacional han incluido la restauración como una de sus prioridades, y cada vez más gobiernos nacionales o departamentales hacen públicos sus compromisos de restaurar grandes extensiones.

 

 

Como réplicas del Reto de Bonn, surgieron dos iniciativas regionales, la más reciente es la de AFR100, que se inició bajo la propuesta de promover la restauración de 100 millones de hectáreas para el 2030 en el continente africano.  Es una iniciativa que se considera liderada por los países participantes, y la coordinan la Agencia de la Unión Africana para el Desarrollo (AUDA-NEPAD), el World Resources Institute (WRI) y el Ministerio Alemán el Desarrollo y la cooperación Económica (BMZ).

 

Antes de AFR100, se inició el proceso denominado 20×20, se trata de una iniciativa que propuso promover esfuerzos de restauración de 20 millones de hectáreas para el año 2020 en Latinoamérica.  Se anunció oficialmente en la reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático en el 2014 en Lima, también se plantea como una iniciativa liderada por los países que la integran, pero cuenta con la coordinación de WRI y el apoyo socios fundadores como CATIE y la Alianza Bioversity-CIAT, así como varias decenas de socios técnicos (organizaciones y empresas internacionales, nacionales o de regiones particulares).

 

 

A pesar de que la iniciativa 20×20 parecía muy ambiciosa en su meta inicial, para mediados del año 2020 los compromisos de restauración de los países que se han integrado suman más de 53 millones de hectáreas, y se han identificado ofertas de créditos para el financiamiento de negocios vinculados a la restauración que superan los 2.500 millones de dólares.  Estos fondos corresponden principalmente a las denominadas inversiones de impacto, se trata de inversores privados que desean realizar negocios rentables pero que tengan un impacto adicional positivo ya sea en materia ambiental o social.

 

Por lo tanto, existe un claro y creciente interés político en emprender iniciativas de restauración, y grandes expectativas, tanto de parte de los gobiernos como por parte de inversores privados, en cuanto a la posibilidad de movilizar fondos y hacer negocios con estas iniciativas.

 

Como otro indicio de esta tendencia creciente, en septiembre de 2014, una coalición de gobiernos, organizaciones no gubernamentales e indígenas firmaron la Declaración de Nueva York sobre los Bosques (NYDF), que hasta el 2017 había sumado el respaldo de: 40 gobiernos nacionales, 20 gobiernos subnacionales, 57 compañías multinacionales, 16 organizaciones representantes de comunidades indígenas y 58 ONG.  La NYDF incluye un Plan de Acción con 10 metas, tres de las cuales se transcriben a continuación:

 

Meta 5: Restaurar 150 millones de hectáreas de tierras degradadas y de tierras forestales para el año 2020, y aumentar significativamente la tasa de restauración, a nivel mundial posteriormente, para restaurar por lo menos 200 millones de hectáreas adicionales para el año 2030”.

 

Meta 6: Incluir objetivos ambiciosos cuantitativos de conservación y restauración forestal para el año 2030, como parte de los nuevos objetivos internacionales de desarrollo sostenible”.

 

Meta 7: Acordar, en el año 2015, reducir las emisiones derivadas de la deforestación y de la degradación de los bosques como parte de un acuerdo climático global post-2020, de conformidad con las normas acordadas a nivel internacional y en consonancia con el objetivo de no superar el calentamiento en 2° C”.

 

Se han acumulado, entonces, foros desde los cuales se proponen compromisos y retos de una magnitud enorme, tanto en relación con la restauración de ecosistemas degradados, como en relación con la detención de los procesos de degradación.

 

Ejercicio 3.1. Motores de degradación

Trabajo grupal: 

Discuta con las y los compañeros de grupo, cuáles son los nuevos motores de degradación de ecosistemas que se han vuelto relevantes los últimos años, y de los cuales antes no se hablaba tanto.

 

Identifiquen cuáles son los principales ecosistemas, funciones o procesos de los ecosistemas, que consideran que estos modernos motores de la degradación están afectando, y cuáles son las consecuencias más significativas de esa degradación.

 

Propongan estrategias por medio de las cuales podrían revertirse esos motores de degradación, que deberían ser promovidas desde los países, las organizaciones no gubernamentales y los foros globales.

 

Compartan su análisis con el resto de las personas en el curso sobre lo aprendido del ejercicio, y sobre si el mismo les hace replantearse su visión de lo que es restauración.