El concepto de Restauración en las Convenciones Internacionales

Las Naciones Unidas, máxima instancia para la búsqueda de acuerdos y esfuerzos conjuntos de la humanidad, ha sido un foro en torno al cual se han venido evidenciando las principales preocupaciones en torno a temas ambientales y donde se han gestado los más relevantes acuerdos políticos para atender los retos socioambientales del planeta.

 

Un hito histórico de particular relevancia fue la producción, a solicitud de la presidencia de las Naciones Unidas, en 1987, del informe titulado “Nuestro Futuro Común”, a cargo de la Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, mejor conocido como informe Bruntland, el primer informe técnico solicitado a tan alto nivel para facilitar la discusión de los retos ambientales e incorporarlos en la agenda política internacional.

 

En el informe Bruntland, donde se define el desarrollo sostenible como la:

 

 “capacidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad que tendrán las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”

 

… se plantean una serie de premisas y observaciones fundamentales para la búsqueda de la sostenibilidad.  A continuación, se transcribe parte del texto de dos de estas consideraciones fundamentales:

 

  1. … los factores naturales y las prácticas de uso de la tierra han reducido la productividad a un nivel demasiado bajo para mantener incluso la agricultura de subsistencia. … Los gobiernos deberían dar prioridad al establecimiento de una política nacional y programas multidisciplinarios y a la creación o fortalecimiento de instituciones para restaurar esas áreas. Cuando éstos ya existen, deben ser mejor coordinados y diseñados. …
  2. La restauración puede requerir límites a las actividades humanas para permitir la regeneración de la vegetación. … el acuerdo y la participación de la población local son de suma importancia. El Estado, con la cooperación de los que viven localmente, podría proteger estas áreas declarándolas reservas nacionales. … comprar la tierra a los propietarios o proporcionar incentivos para su restauración.

 

Los textos transcritos ponen en evidencia una de las grandes disyuntivas del tema de la restauración, visto desde las preocupaciones y necesidades humanas: hablamos de restauración desde un punto de vista productivo, pero también desde un punto de vista relacionado con la recuperación de sistemas naturales.

 

Los seres humanos hablamos de restauración cuando percibimos que algo se encuentra degradado y que es pertinente hacer esfuerzos por repararlo, recuperarlo o restaurarlo.  La mayoría de las veces cobramos conciencia de la degradación cuando esta afecta nuestro bienestar.  Es así como, para efectos de producción agrícola, hablamos de suelos degradados cuando se percibe que sus propiedades esenciales para mantener la producción se han deteriorado.  En ese caso es común que se realicen acciones tendientes a recuperar esa productividad, no tendientes a restablecer una condición natural previa al uso agrícola.

 

En otras situaciones, nuestro afán es tratar de reconstruir una condición de ecosistema no alterado por la actividad humana, ya sea porque hay un interés concreto en recuperar esa condición con fines de conservación de biodiversidad, o porque pensamos que esa condición nos permitirá recuperar servicios esenciales para nuestro bienestar como la regulación hidrológica que nos garantiza disponibilidad de agua.

 

Es importante que entendamos que, en los foros de discusión internacional han estado presentes, muchas veces mezclados y hasta confundidos, ambos enfoques de la restauración:

 

  • la que hace énfasis en la reconstrucción de ecosistemas naturales,
  • y la que hace énfasis en la recuperación de servicios ecosistémicos importantes para nuestro bienestar.

 

En el año 1992, se desarrolló en Brasil el primer foro global sobre temas ambientales convocado por las Naciones Unidas, la denominada primera Cumbre de la Tierra.  Desde este foro, se redactó el primer acuerdo internacional vinculante en torno a los problemas ambientales del planeta, La Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también conocido como la Agenda 21.  En este documento se establecieron 27 principios que establecieron derechos y responsabilidades de los países, estos fueron organizados en cuatro secciones: una de dimensiones sociales y económicas; la segunda, de conservación y manejo de recursos; la tercera, de fortalecimiento de las funciones de los principales grupos sociales y la cuarta, sobre los medios para ejecutar estos compromisos.

 

En la segunda sección de la Agenda 21 (donde se tratan temas sobre: atmósfera, ordenamiento de tierras, deforestación, desertificación, zonas de montaña, agricultura y desarrollo rural, biodiversidad, biotecnología, océanos, agua dulce, productos químicos tóxicos, desechos peligrosos, desechos sólidos y residuales, desechos radioactivos), se incluyó el capítulo 11 de Lucha contra la Deforestación, se transcriben a continuación las metas ahí planteadas:

 

  1. Mantenimiento de las múltiples funciones de todos los tipos de bosques, tierras forestales y regiones forestadas
  2. Aumento de la protección, ordenación sostenible y conservación de todos los bosques y aumento de la cubierta vegetal en las tierras degradadas, mediante la rehabilitación, la forestación , la reforestación y otras técnicas de restauración.
  3. Promoción de métodos eficaces de aprovechamiento y evaluación para recuperar el valor integro de los bienes y servicios derivados de los bosques, las tierras forestales y las tierras arboladas.
  4. Establecimiento o fortalecimiento de la capacidad para la planificación, la evaluación y la observación sistemática de los bosques y de los programas, perspectivas y actividades conexas, incluidos el comercio y las operaciones comerciales.

 

Se subrayan en los párrafos anteriores algunos aspectos de particular interés en el planteamiento de la agenda 21.  Uno de ellos es que, en ese documento de relevancia política internacional, se entienden la rehabilitación, la forestación y la reforestación como técnicas de restauración.   Esto evidencia una tendencia importante en muchos foros de discusión, y es que el incremento de cobertura arbórea tiende a ser percibido como una forma de restauración.  Algunas personas de la academia prefieren diferenciar claramente estos conceptos, y no aceptan que se entiendan como prácticas de restauración, o solo lo aceptan en circunstancias particulares.

 

Otro aspecto digno de análisis es que la agenda 21 nos exhortó a recuperar bienes y servicios de los bosques y de las tierras forestales, este es el enfoque de la restauración que hace énfasis en la recuperación de servicios ecosistémicos.  No excluye la reconstrucción de ecosistemas naturales, pero se enfoca más en los servicios que necesitamos recuperar para nuestro bienestar.

 

Luego de la Cumbre de la Tierra, desde las Naciones Unidas se gestaron varios foros internacionales, principalmente Convenciones Climáticas, que han constituido compromisos vinculantes para la mejora ambiental.  Algunos de ellos señalan con claridad retos relacionados con la degradación y la restauración de ecosistemas, tal es el caso de

 

  • Foro de Bosques de N.U.
  • Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático
  • Convención de Lucha contra la Desertificación
  • Convención sobre Diversidad Biológica

 

 

La Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) preparó en el 2010, en Japón, su Plan Estratégico de la Diversidad Biológica 2011-2020, el mismo estipula 20 metas, conocidas como las Metas de Aichi.  Dentro del capítulo D, que propone aumentar los beneficios de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas, se contemplan las siguientes metas.

 

“Meta 14: Para 2020, se han restaurado y salvaguardado los ecosistemas que proporcionan servicios esenciales, incluidos servicios relacionados con el agua, y que contribuyen a la salud, los medios de vida y el bienestar, tomando en cuenta las necesidades de las mujeres, las comunidades indígenas y locales y los pobres y vulnerables”

 

“Meta 15: Para 2020, se habrá incrementado la resiliencia de los ecosistemas y la contribución de la diversidad biológica a las reservas de carbono, mediante la conservación y la restauración, incluida la restauración de por lo menos el 15% de las tierras degradadas, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático y a la adaptación a este, así como a la lucha contra la desertificación.”

En la redacción de las metas antes citadas se evidencia el enfoque plasmado en los tres pilares de la CDB, que son la conservación, el uso sostenible y la equidad.  Se habla de una restauración enfocada en servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar humano, pero al mismo tiempo se plantean metas muy ambiciosas: 15% de tierras degradadas del planeta.

 

Uno de los acuerdos internacionales de mayor relevancia y vigencia actual, son los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), que implican responsabilidades que deben ser asumidas por la comunidad internacional y por los gobiernos que conforman las Naciones Unidas.  El ODS 15 está descrito como:

 

“Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad”

 

Una vez más, se hace un énfasis en los intereses humanos, pues el enfoque es el de uso sostenible, pero al mismo tiempo se plantea invertir la degradación de tierras y detener la pérdida de diversidad.  De una u otra forma, la restauración, en sus diversos enfoques y énfasis, es una responsabilidad de nuestros gobiernos y de la sociedad en general.